Treina años de Panteón Rococó

Hace dos meses asistí al primero de los dos conciertos de Panteón Rococó en Ciudad de México como parte del cierre de su gira celebrando 30 años de carrera.

«¿Tú? ¿En un concierto de Panteón Rococó?» Me preguntaban sorprendidos mis familiares y amigos cuando les contaba de mi hazaña. Incluso mi novio, con quien tengo una relación de más de cuatro años pareció sorprendido. 

Meme Diablos, Señorita

Lo cierto es que no pagaría por asistir a un concierto de Panteón Rococó y no es exactamente el tipo de música que escucharía por la mañana cuando me levanto y no me dan ganas de ir a trabajar (?). Pero asistí por invitación de un amigo fan a morir de la banda que contaba con entradas extras.

Llegamos tarde al concierto y las entradas eran en General B. Ante la sugerencia de acercarnos más al escenario para poder ver mejor, mi amigo me contestó «No vengo a verlos, vengo a escucharlos». Una respuesta que me pareció un sinsentido considerando la acústica tan pinche del Estadio GNP. Sin embargo, traté de disfrutarlo como un fanático de Panteón Rococo lo haría.

Panteón Rococó celebrando 30 años en Estadio GNP, Ciudad de México, 2025

El concierto fue más divertido de lo que imaginaba, a pesar de no ser un seguidor cercano de la banda, me sorprendí coreando canciones que no sabía que vivían en mi inconsciente como «Vendedora de caricias», «La Dosis perfecta», «Arréglame el alma» y obviamente «La carencia»

Fue el concierto en el que me inicié en el slam y fue también el concierto donde me retiré del slam. Créanme, a pesar de la ternura que podría generar ver a señores de más de 30 años aferrase a dar sus últimos empujones, para los que no estamos familiarizados en ese arte es todo un reto.

Slam en concierto de Panteón Rococó

Como invitados al concierto desfilaron una serie de artistas, de los cuales sólo reconocí a Pee-Wee –el cual hacía tras las rejas después de su arrestó por conducir en estado de ebriedad–, Maria Daniela y su Sonido Láser –quién como buen ajonjolí se presentó al día siguiente como invitada de Fangoria en el Palacio de los Deportes– y María Barracuda. «En todas sus giras por lo general cierran en Ciudad de México y siempre traen a invitados y hacen nuevas versiones de sus canciones» me explicó mi amigo al notar mi sorpresa ante tan variado repertorio, de haber sabido que estaríamos frente a tanta luminaria me habría arreglado mejor para la ocasión.

El momento sentido y de protesta llegó cuando comenzaron a tocar las notas de 1993. Lass víctimas en Palestina y los desaparecidos en México fueron el leit motiv de su performance, donde los asistentes alzaron las luces de su celular al más puro estilo de una genki dama. «Esto no lo hacen cuando tienen conciertos en Estados Unidos» apuntó mi amigo dejando ver su desaprobación ante la incongruencia del discurso. Claramente es una banda que está peleada con el autoritarismo, pero no con el dinero.

El cierre de la celebración de 30 años de Panteón Rococó en Ciudad de México
Asistentes en el concierto de Panteón Rococó durante la canción 1993.

Todo por servir se acaba y el primero en reconocerlo es el vocalista de Panteón Rococó quien con humor, durante el último segmento del concierto, compartió con los asistentes «Como son las cosas, antes estaba con el vaso de cerveza y ahora traigo mi termo con té de jengibre y limón»

Y sí, pero ¡qué entrañable ver a una banda crecer con sus fans! Después de 30 años siguen asistiendo a sus conciertos sin importar el lugar o las dificultades técnicas (como esa cabina de audio y video en medio de la pista obstruyendo la vista del escenario). 

En resumen, asistir al concierto de Panteón Rococó fue, citando a una referente del periodismo en México: muy interesante, pero muy estraño.

Seguramente no lo habría disfrutado tanto de haber ido sin alguien que me explicara los pormenores de la banda… eso o las tres cervezas que me tomé durante el concierto.